Dos casas fueron atacadas a balazos en el barrio Democracia de Las Heras la noche del domingo, pocas horas después de que se conociera el femicidio de Flora Inés Moyano, la mujer de 60 años asesinada presuntamente por su pareja, Walter Jesús Molina, un condenado por abuso sexual agravado que gozaba de salidas transitorias. La principal hipótesis de los investigadores apunta a una posible venganza por parte de familiares de la víctima, quienes habrían buscado hacer justicia por mano propia.
El ataque ocurrió el domingo a las 22.30, en un callejón interno del citado complejo. Los disparos impactaron en las viviendas de dos mujeres. Una de ellas declaró durante la madrugada de este lunes que, en plena noche, escuchó las detonaciones mientras estaba dentro de su casa. Además, denunció que un familiar suyo (sobrino) recibió previamente una llamada anónima y de número privado que le advirtió: “Esto se paga sangre por sangre, madre por madre”.
La otra casa atacada fue la de otra mujer (se reserva su identidad), ubicada en el mismo sector. La mujer contó que al regresar del domicilio de un familiar observó, desde lejos, a seis sujetos vestidos de negro y con el rostro cubierto disparando contra su vivienda. Vecinos le habrían confirmado luego que los agresores serían familiares directos de Moyano -se presume que nietos-, a quienes identificaron por sus apodos: “Gatito”, “Gato” y “Mudo”, aportando una cuarta persona con nombre y apellido.
Uno de los proyectiles habría alcanzado levemente a Mario Molina, hermano del principal sospechoso del femicidio, quien fue rozado en la mano derecha. A pesar del disparo, se negó a recibir atención médica. También declaró haber reconocido a varios de los tiradores, todos armados, aunque no pudo precisar quién disparó.
Según detallaron fuentes policiales y judiciales a El Sol, varios vecinos se negaron a colaborar con la investigación y no se hallaron cámaras de seguridad en el área.
El crimen que desató la furia
Horas antes del ataque, durante la mañana del domingo, personal policial de Investigaciones encontró el cuerpo de Flora Moyano en un descampado de calle Junín, frente al albergue Las Palmeras. Tenía signos de violencia en la cabeza y una inscripción en la espalda, lo que refuerza la hipótesis de un crimen motivado por los celos. Como se activó el protocolo de femicidio, un forense en la escena determinó que la víctima murió por un fuerte golpe en la cabeza y, se presume, por asfixia.
Moyano había sido reportada como desaparecida la madrugada del domingo. Según su hija, había salido la tarde anterior para encontrarse con su pareja, Walter Jesús Molina, con quien tenía intenciones de terminar la relación.
Molina, condenado por abuso sexual en 2015, estaba alojado en la Granja Penal de Gustavo André y gozaba de salidas transitorias autorizadas por la jueza Mirna Montaldi, pese a que la ley provincial impide ese beneficio para delitos graves. Estaba a tres meses de la libertad asistida.
El informe técnico del penal había desaconsejado liberarlo, pero la magistrada declaró inconstitucional el artículo 72 del Código de Ejecución Penal, permitiéndole salir del penal dos veces al mes durante 16 horas.
Durante esas salidas, Molina frecuentaba precisamente el barrio Democracia, donde vivía su madre, en la misma zona donde se produjo el tiroteo. Según los testimonios recabados, allí también solía encontrarse con Moyano.
El fiscal de Homicidios a cargo de la instrucción, Gustavo Pirrello, lo investiga ahora como principal sospechoso del femicidio y dispuso su detención. Este lunes será imputado por homicidio agravado.
Fuente: www.elsol.com.ar


